Mayo 8, 2008

Entrevista con un zombi

Quettaheru

-Buenas noches, señor Torres. Antes de nada, gracias por concedernos esta entrevista. Sabemos que es usted un hombre ocupado.

-Buenas noches. No se preocupen, tengo ya un buen desayuno apalabrado, no tengo prisa.

-Gracias de nuevo. ¿Podemos comenzar con la entrevista?

-Cuando quieran.

-Veamos… ¿cuánto tiempo lleva usted en esta… condición? [Azorado]. Lo siento, no sé cuál la expresión correcta…

-[Haciendo un gesto con la mano]. No tiene importancia, soy un miembro orgulloso de mi comunidad, no tengo nada que ocultar. He luchado mucho tiempo para que se me reconozca como lo que soy, no creo que un eufemismo o su ausencia sea relevante.

-[Aliviado]. Estupendo. ¿Cuándo ocurrió?

-Hace unos… treinta años. Algo menos, quizá. Gobernaba la UCD, eso seguro. Yo mismo voté a Suárez. Tenía… veintiocho años, sí. Eso es.

-Sí que hace tiempo. Nadie lo diría, viéndolo a usted.

-[Desvía la mirada, como con timidez]. ¿Verdad que no? Estas llagas y heridas que ve aquí me las hice al principio, hace mucho que no empeoro. Descubrí que con una alimentación variada y visitas frecuentes a mi embalsamador de cabecera podía mantener mi buena planta todo el tiempo que quisiera. Me da un poco de pena cuando veo a esos jovenzuelos descerebrados que no hacen más que meterse en líos. En mis tiempos estábamos hechos de otra pasta, no íbamos por ahí con la boca abierta. Las películas han hecho poco por nosotros… no piensan más que en pelear y morder, antes teníamos cultura…

-Y que lo diga. Nadie lo pondría en duda, oyéndole hablar. ¿Nos puede decir quién fue su maestro?

-[Se ríe]. Ya no lo llamamos así, hombre. Preferimos decir “padrino”, es más familiar. Sí, lo conocí hace seis o siete años, poco antes de que muriera, si se me permite la expresión. Era un francés que venía mucho de vacaciones en los setenta. Ya sabe, esto era barato, había chicas -y chicos- que ansiaban conocer el mundo… Y una noche, según me dijo, nos encontramos en un bar. Era un buen tipo, charlatán y buen bebedor. Antes, claro. Cuando has pasado por esto, el alcohol deja de atraerte, se lo aseguro.

-¿Cuáles son sus hábitos alimenticios? Antes dijo que seguía una dieta variada. ¿Podría darnos algún ejemplo?

-Sí, bastante variada. Tomo mucha carne, casi siempre caza. Verduras y frutas también, ayudan a mantener la piel tersa. Y setas. Antes no me gustaban nada, ahora las tomo en cada comida. Pescado, más bien poco, me dan miedo las espinas.

-[Asiente comprensivamente]. Normal, cualquiera se arriesga a tragarse una…

-Eso es.

-Si me permite [se agacha], le hemos traído un pequeño presente… [le tiende un bebé dormido, que se despierta y empieza a llorar].

-[Emocionado] Qué lindo… qué detalle por su parte, se lo agradezco muchísimo… Lo estoy dejando, ¿sabe? Pero bueno, siempre se puede hacer una excepción. [Duda un momento]. Perdone que pregunte… ¿estará sano, no?

-Completamente, no se preocupe. De hecho, fue un desliz de mi hija, le manda saludos.

-Qué amable. Gracias de nuevo.

-[Quitándole importancia]. No hay de qué. Para ir terminando… ¿puede adelantarnos algo de su nuevo libro?

-La editorial no me deja revelar muchos detalles, pero sí puedo decir que se trata de una ampliación de mi artículo ¿Qué tienen ellos que no tengamos nosotros?, en el que reflexiono sobre la diferencia de trato que siempre ha existido entre los vampiros y nosotros. Creo que se ha cometido una injusticia histórica que debe ser corregida cuanto antes. La única diferencia entre nuestras dos clases -porque se trata de clases sociales, claramente- es que a ellos les mordió el tipo adecuado. Nada más.

-Muchas gracias por su tiempo, señor Torres.

-A ustedes, ha sido un placer

Comentarios (0)

Diciembre 19, 2007

Como Cortázar

Oruga Azul

“Vives como Cortázar”. Eso es lo que dijo un amigo al entrar en mi humilde cabaña emplazada en un recóndito barrio de la jungla mostoleña (que viene a ser como la nalga izquierda, pero ya cerca del muslo, del culo del mundo). ¿Por qué lo dijo? No lo sé; bueno, sí; en realidad, la mejor respuesta es “a medias”. Sé que lo dijo porque, lo primero que ves al entrar en casa (y al recorrerla, y al permanecer, y al salir…), son libros y animales; lo que no sé es la relación que tiene eso con Cortázar (ignorante yo).

El caso es que por mi casa han pasado perros, gatos, un cangrejo de río, un bicho-bola, una rata y varias aves. Así que, sin ser biólogo, ni zoólogo, ni ninguna otra palabra de origen griego (excepto, según mis enemigos, idiota), voy a dar mi particular (pero universalizable porque a mí me da la real gana) visión del mundo animal:

Perros: Una curiosa especie que engloba a animales tan dispares como un chihuahua y un san bernardo (no se los imaginen copulando, por favor). En contra de lo que muestran las series de dibujos animados, los perros que he tenido jamás han sentido deseos de perseguir a un coche (sí han perseguido a ciclistas, a perros enemigos y a hembras en celo). Un detalle interesante es su forma de aprender, que a veces deriva en habilidades o hábitos un tanto inútiles o extraños, como una hembra que mea levantando la pata y varias veces (igual que un macho), o un perro que aprende de los gatos a dormir en el respaldo del sofá. Lo más destacable es su cara de intentar comprender lo que el amo dice que, debido a su falta de expresividad, se parece mucho a su expresión de horror cuando recogemos las cagadas que van dejando por el parque.

Gatos: La primera lección que aprende uno de un gato (y esta generalidad incluye a los perros) es que pinchan, y mucho. Hay gatos más ariscos y otros menos (y luego los machos castrados, que se vuelven medio idiotas los pobres), pero todos son muy independientes y eso es lo que los hace acompañantes idóneos para viejecitas locas. La evolución de sus comportamientos es sorprendente: antes, cuando los había, cazaban ratones; sus nuevos blancos son moscas, mosquitos y cucarachas (cuando las hay). Destaca su habilidad para encontrar, de entre todos los lugares de la casa, el más cómodo.

Ratas: Mascota poco frecuente pero terriblemente interesante porque, a pesar de lo que pueda parecer, es perfectamente doméstica e inteligente. Tienden a ensuciarlo todo muchísimo, roen todo menos aquello que les dejas para ese propósito y adoran armar caos constructivos aún más que el Alcalde de Madrid. Reconocen a sus dueños, tienen relaciones afectivas con ellos y saben comunicarles sus deseos aunque no tengan la capacidad comunicativa de las dos especies anteriores.

Aves: Las que he tenido han sido silvestres, y la mayoría de las veces uno duda si, al coger al pobre polluelo indefenso, lo estará puteando o salvando. Conviví un poco más de un mes con un gorrión al que vimos transformarse completamente de polluelo a jovencito (incluso le enseñamos nosotros a volar); aprendió a convivir con cuatro humanos hasta que, desaparecidos dos de ellos (mi hermano y yo), se aburrió y se fue. Otras aves demuestran cierto rasgo de estupidez por aquello de ver a un compañero de jaula en su propio reflejo (me pregunto qué habrían hecho sus antepasados velocirraptores si se hubieran visto en un espejo), pero el factor positivo es que hacen amena la vida de sus dueños cantando cuando no deben.

Cangrejos de río: Lo llamamos Patatita (comprado en un mercado). Son poco sociables y desagradables a la vista; además, la construcción de un hábitat adecuado conlleva un terrible mal olor. Apareció muerto entre las zapatillas de mi hermano (lo que indica, quizás, que tienen un olfato sumamente delicado).

Bichos-bola (cochinillas): Son animales curiosos y que divierten a los niños, aunque, de todos los que había, tuve que llevarme al de la especie que no es flexible. Como detalle escabroso, diré que unas galletas tipo Príncipe (pero con sabor a fresa) llevaban pasta de este animal entre sus ingredientes. Poco sociables, muy graciosos y terriblemente escurridizos; un día desapareció y no volví a verlo.

Vale que no he tenido tortugas, avestruces, peces, ornitorrincos, diablos de Tasmania, ranas, gusanos de seda o insectos-palo, pero aún así mi experiencia está bien sembrada y quizás ayude a esos futuros padres a entender por qué sus hijos quieren llevar animales a casa.

Comentarios (3)

Fin de la travesía del desierto

Como ya sabrán ustedes, estamos de vuelta. La revista en papel se está distribuyendo por el Universo Mundo (para los que habiten fuera del UM, este enlace será muy útil), esta web luce más fermosa que nunca: funcional pero elegante; completa pero sencilla; del Alcoyano pero ambiciosa. Al calor de este hogar han nacido, como si de champiñones se tratase, tres nuevos espacios, dedicados a los libros, los tebeos y… todo lo demás, respectivamente, y que amplían la ya de por sí completa experiencia que supone Episkaia. ¿Queda claro?

Con esto se acaba la re-presentación. Siéntanse libres para pasear por aquí como si estuvieran en una finca privada un agradable espacio abierto al aire libre. Para cualquier problema o sugerencia, escriban a redaccion@episkaia.org (sí, sabemos que esto es una invitación a los spammers, ¿algún problema?).

Comentarios (0)

Octubre 6, 2007

Nueva andadura

Pues sí, ya tenemos la nueva web más o menos funcional. Y el número 17 está a punto de pasar las correcciones finales. Así que podemos considerar que Episkaia está oficialmente de vuelta. Con una plantilla exactamente igual a la que tenía antes de este respiro de seis meses que graciosamente nos hemos concedido, y un número muy jugoso sobre un tema que gustará por igual a niños y mayores, señoras y caballeros, marqueses e hidalgos. Entretengan la espera releyendo los números ya publicados, o paseando alrededor de una hidra dibujada con tiza sobre un trozo de pizarra joven.

Comentarios (0)

Página en pruebas

Como ya anunciamos en agosto, hemos tenido algunos problemas con el dominio episkaia.net, así que nos mudamos a esta nueva página, de forma permanente, a ser posible. En breve estarán disponibles todas las opciones que tenía la anterior (salvo el foro, que se ha revelado como una fuente de spam poco práctica), y algunas más. Paciencia, por favor.

Comentarios (0)