Entrevista con un zombi
Quettaheru
-Buenas noches, señor Torres. Antes de nada, gracias por concedernos esta entrevista. Sabemos que es usted un hombre ocupado.
-Buenas noches. No se preocupen, tengo ya un buen desayuno apalabrado, no tengo prisa.
-Gracias de nuevo. ¿Podemos comenzar con la entrevista?
-Cuando quieran.
-Veamos… ¿cuánto tiempo lleva usted en esta… condición? [Azorado]. Lo siento, no sé cuál la expresión correcta…
-[Haciendo un gesto con la mano]. No tiene importancia, soy un miembro orgulloso de mi comunidad, no tengo nada que ocultar. He luchado mucho tiempo para que se me reconozca como lo que soy, no creo que un eufemismo o su ausencia sea relevante.
-[Aliviado]. Estupendo. ¿Cuándo ocurrió?
-Hace unos… treinta años. Algo menos, quizá. Gobernaba la UCD, eso seguro. Yo mismo voté a Suárez. Tenía… veintiocho años, sí. Eso es.
-Sí que hace tiempo. Nadie lo diría, viéndolo a usted.
-[Desvía la mirada, como con timidez]. ¿Verdad que no? Estas llagas y heridas que ve aquí me las hice al principio, hace mucho que no empeoro. Descubrí que con una alimentación variada y visitas frecuentes a mi embalsamador de cabecera podía mantener mi buena planta todo el tiempo que quisiera. Me da un poco de pena cuando veo a esos jovenzuelos descerebrados que no hacen más que meterse en líos. En mis tiempos estábamos hechos de otra pasta, no íbamos por ahí con la boca abierta. Las películas han hecho poco por nosotros… no piensan más que en pelear y morder, antes teníamos cultura…
-Y que lo diga. Nadie lo pondría en duda, oyéndole hablar. ¿Nos puede decir quién fue su maestro?
-[Se ríe]. Ya no lo llamamos así, hombre. Preferimos decir “padrino”, es más familiar. Sí, lo conocí hace seis o siete años, poco antes de que muriera, si se me permite la expresión. Era un francés que venía mucho de vacaciones en los setenta. Ya sabe, esto era barato, había chicas -y chicos- que ansiaban conocer el mundo… Y una noche, según me dijo, nos encontramos en un bar. Era un buen tipo, charlatán y buen bebedor. Antes, claro. Cuando has pasado por esto, el alcohol deja de atraerte, se lo aseguro.
-¿Cuáles son sus hábitos alimenticios? Antes dijo que seguía una dieta variada. ¿Podría darnos algún ejemplo?
-Sí, bastante variada. Tomo mucha carne, casi siempre caza. Verduras y frutas también, ayudan a mantener la piel tersa. Y setas. Antes no me gustaban nada, ahora las tomo en cada comida. Pescado, más bien poco, me dan miedo las espinas.
-[Asiente comprensivamente]. Normal, cualquiera se arriesga a tragarse una…
-Eso es.
-Si me permite [se agacha], le hemos traído un pequeño presente… [le tiende un bebé dormido, que se despierta y empieza a llorar].
-[Emocionado] Qué lindo… qué detalle por su parte, se lo agradezco muchísimo… Lo estoy dejando, ¿sabe? Pero bueno, siempre se puede hacer una excepción. [Duda un momento]. Perdone que pregunte… ¿estará sano, no?
-Completamente, no se preocupe. De hecho, fue un desliz de mi hija, le manda saludos.
-Qué amable. Gracias de nuevo.
-[Quitándole importancia]. No hay de qué. Para ir terminando… ¿puede adelantarnos algo de su nuevo libro?
-La editorial no me deja revelar muchos detalles, pero sí puedo decir que se trata de una ampliación de mi artículo ¿Qué tienen ellos que no tengamos nosotros?, en el que reflexiono sobre la diferencia de trato que siempre ha existido entre los vampiros y nosotros. Creo que se ha cometido una injusticia histórica que debe ser corregida cuanto antes. La única diferencia entre nuestras dos clases -porque se trata de clases sociales, claramente- es que a ellos les mordió el tipo adecuado. Nada más.
-Muchas gracias por su tiempo, señor Torres.
-A ustedes, ha sido un placer